Dra.
Andrea Burke: Hola.
Mi nombre es Andrea Burke, soy médica patóloga y gerente general de DB
Patología. Hoy vamos a hablar sobre el hemograma con la profesora doctora
Nicoll Carvajal. Sea bienvenida, profesora.
Dra.
Nicoll Carvajal:
Gracias, Andrea. Agradezco inicialmente al grupo DB por esta oportunidad, este
gran espacio para hacer un pódcast y tener una charla saludable para todos,
¿no?, para que todos logren entender más sobre el hemograma.
Dra.
Andrea Burke: Para
iniciar esta conversación, profesora, me gustaría que hablara un poco sobre la
importancia de la prueba del hemograma.
Dra.
Nicoll Carvajal:
Entonces, el hemograma, como se ha comentado, es el examen más solicitado en la
práctica clínica; está presente en hasta el 72% de todas las
solicitudes. El hemograma va, por un lado, desde un examen de alta complejidad
hasta un examen simple. Las personas piensan que es un examen simple, pero es
una prueba tan compleja que con ella logramos hacer el diagnóstico de varias
enfermedades crónicas o subclínicas; desde procesos reaccionales como los
infecciosos, hasta la leucemia mieloide crónica, por lo que es un examen
multifacético. En pacientes con anemias posteriores a una cirugía bariátrica
hoy en día, o en la anemia ferropénica, logramos hacer un cribado y de ahí
direccionar.
Así pues,
es el examen más solicitado y el gran clasificador; es la prueba que direcciona
gran parte de los diagnósticos, no solo en enfermedades hematológicas,
oncológicas e infecciosas, sino también en el paciente que se hace exámenes
todos los días en terapia intensiva, por lo que es un examen crucial. Tiene un
pragmatismo diferente porque posee esa característica de ser un examen de alta
complejidad. Principalmente cuando empezamos a modernizar la prueba y a entrar
en el ámbito de un examen que se empieza a revisar minuciosamente cuando está
alterado.
Dra.
Andrea Burke:
Pensando en eso, profesora, ¿qué puntos debemos tomar en cuenta cuando vamos a
iniciar la prueba en la fase preanalítica?, ¿qué es lo que tenemos que evaluar?
Dra.
Nicoll Carvajal:
Sí, pensando en la fase preanalítica más hacia la parte laboral y no solo
clínica, en el hemograma es fundamental que, al ser un examen con un acceso
fácil de recolección (está bien, raramente hay problemas en la punción venosa),
pensemos en algo esencial: si se recolecta, no hay que cuidar solo el volumen,
sino tener mucho cuidado con algunos problemas del hemograma asociados al
transporte y, principalmente, al tiempo. El hemograma es un examen que debe
realizarse siempre el mismo día, como máximo en 24 horas. Lo ideal es
procesar este examen en condiciones adecuadas de recolección en 4, 8, 12 o
máximo 18 horas, porque de lo contrario empieza a sufrir interferencias por el
propio anticoagulante; el examen se empieza a degradar y terminamos liberando,
o corremos el riesgo de liberar, un resultado falso con interferentes de la
fase preanalítica. Por lo tanto, tiene que hacerse el mismo día, máximo en 24
horas; es importante que esto les quede claro a cualquiera de los colegas y que
se entienda, de manera general, que es un examen excelente pero que tiene este
prerrequisito preanalítico.
Dra.
Andrea Burke: Y
pensando en eso, profesora, hoy en día, en cuanto a las metodologías, ¿bajo qué
principios trabajamos con el hemograma?
Dra.
Nicoll Carvajal: El
hemograma surgió en los años 50 y 60 por unos hermanos; Wallace fue el pionero
en desarrollar una tecnología de impedancia y desarrolló un equipo que era muy
rudimentario. Medía la hemoglobina en un solo punto, y por el otro lado era muy
difícil diluir los leucocitos y contar las plaquetas. Después llegó la
tecnología por impedancia, que era una tecnología muy antigua, hasta cierto
punto arcaica, que fue evolucionando al punto de que, principalmente a inicios
de los años 80 hacia los 90 con el advenimiento del virus del VIH, se comenzó a
introducir una nueva tecnología y ahí el examen se volvió muy potente con el
uso de láser y citometría de flujo. Con esta introducción, el hemograma pasa a
ser capaz de contar 5 poblaciones celulares de la sangre.
Y ahí sí,
empiezas a tener no solo nuevos parámetros, sino que, solo con esa
introducción, cuentas con una tecnología potente capaz de realizar un examen
que puede contar hasta 500,000 leucocitos y diferenciar todos sus subtipos, dar
alarmas de células inmaduras, traer el plaquetograma al hemograma, el
eritrograma con dos tipos de RDW, el hemograma con el índice de granulocitos
inmaduros (IG), o contar, identificar y alertar que existen linfocitos
anormales o blastos. Así que es un examen multifacético con tecnología láser. Y
ahora con el láser, ya que existe uno capaz de identificar y excitar, vamos a
entrar en la tecnología de reticulocitos y plaquetas inmaduras.
Es un
examen tan potente ahora (y es necesario que se entienda esto) que va a ser
capaz de evaluar a un paciente post-quimioterapia o post-transplante de médula
ósea. El hemograma, no hablando solo de la parte clínica, va a ser capaz de ser
utilizado —y ya se usa— en pacientes renales antes de la diálisis,
post-diálisis, en la respuesta al transplante renal y en la respuesta al uso de
eritropoyetina. Así que termina siendo un examen multifacético que revela
muchísimas cosas e informaciones; son más de 55 parámetros en un examen que no
para de evolucionar. Es una prueba muy potente que exige una pericia muy grande
para ser evaluada, ya que a veces tenemos tanta información en un solo pedazo
de papel.
Dra.
Andrea Burke:
Perfecto. Pensando en que ya hablamos de la fase preanalítica y de la
metodología del equipo, ¿cuál es uno de los factores más importantes a partir
de este aspecto para hablar de la calidad del examen, relacionado con el
mantenimiento de los equipos hoy en día?
Dra.
Nicoll Carvajal:
Bien, este punto es esencial y dentro de estos elementos, algunos son vitales.
El equipo tiene que contar con controles en 3 niveles para que sepamos qué tan
reproducible es; tiene que tener una muestra interna, un control interno, que
es lo que llamamos una muestra retenida o muestra transportada, la cual mide la
reproducibilidad de este examen. Así logramos decir qué tan eficaces están
siendo esas máquinas, porque a pesar de ser máquinas, pueden fallar. Entonces,
un hemograma es un examen de alta calidad, y al mismo tiempo, debemos tener un
control interno y realizar una evaluación dentro del hemograma con todos los
analistas.
Por
ejemplo, si trabajas con 20 analistas o 200 analistas, todos tienen que
entender el mismo tipo de proceso del hemograma. Y cuando trabajas en el
hemograma con series de producción de 30,000 o 100,000, o incluso 30 hemogramas
por día, todos ellos tienen que estar bien hechos, ya sea en serie o no. Es un
examen que, en términos de procesamiento, tiene que hacerse bien hecho.
Discutimos mucho si la homogeneización (que normalmente se hace antes) puede
ser realizada previamente, ya que las máquinas también homogeneizan; así que es
un examen en el que todo, tanto el volumen como la homogeneización, cuenta.
Cualquiera de estos procesos analíticos mal realizados puede generar fallas en
el hemograma.
Dra.
Andrea Burke: Sí.
Entrando en este tema, empezamos a hablar un poco sobre la estandarización,
¿no? ¿Cuáles son las recomendaciones hoy en día para la estandarización del
hemograma?
Dra.
Nicoll Carvajal:
Desde el año 2005 tenemos un organismo llamado ICSH, que es un comité
internacional del consejo de estandarización en hematología, principalmente de
la parte laboratorial, que preconiza todos los procedimientos de hematología de
laboratorio. A partir de esos protocolos, y dentro de estos sitios web (algunos
de los cuales ya están traducidos), tenemos recomendaciones del propio
hemograma. Esto surgió con Carol Briggs y con un grupo internacional en el que
al principio no había latinoamericanos, y se comenzó a estandarizar que el
hemograma debe ser leído al microscopio cuando está alterado.
Traduciendo
esto, ¿qué significa? Existen criterios para revisar la laminilla (que en
algunos servicios llaman apertura de frotis), y siguiendo estos criterios
tenemos que observar cuándo el hemograma da alterado, y el analista tiene que
estar atento porque va a examinar el hemograma. Por ejemplo, si realizo
nuevamente 30,000 hemogramas, y si hago del 10% al 20% de las
revisiones visuales, tengo que saber si el paciente tiene una anemia
macrocítica. Si determiné que reviso el VCM por encima de 105 fL, debo pensar
si esto es una anemia macrocítica megaloblástica y voy a buscar neutrófilos
hipersegmentados, encajando las piezas y pensando ya en ayudar al diagnóstico
de la megaloblástica. O si es un síndrome mielodisplásico, donde al contrario,
voy a tener neutrófilos hiposegmentados.
Estos
criterios de revisión determinan cómo tenemos que hacer las cosas, incluso si
es un volumen bajo o una cantidad menor de hemogramas, pero de forma muy
asertiva. Si es una citopenia o si tenemos que buscar blastos, empezamos a
hacer el hemograma y a examinar el hemograma, no a contar mecánicamente para
que se vuelva un simple examen de conteo. Y ahí sí, el hemograma con los
criterios de revisión (que son muy numerosos y no entraremos en tantos
detalles) nos determina el comenzar a mirar e investigar qué es lo que está
alterado y por qué se presenta esa alteración.
Dra.
Andrea Burke:
Excelente. Y pensando en la estandarización y en los criterios de revisión del
hemograma, necesitamos tener una laminilla con calidad para esa expresión y
para el análisis morfológico. ¿Podría comentar un poco sobre cómo debe
realizarse la confección de un frotis y cómo debe ser evaluado con criterio y
calidad?
Dra.
Nicoll Carvajal:
Sí, este es un punto crucial en términos preanalíticos y de prerrequisitos. Ya
sea que la máquina realice la extensión sanguínea (el frotis sanguíneo) y la
confección de esa laminilla, o que se haga de forma manual, esa laminilla tiene
que tener principio, cuerpo y fin. El fin es la cola; toda extensión sanguínea,
en el caso de sangre periférica o a veces incluso de médula, tiene que tener
cola, que es la región donde tenemos que analizar y donde se ven las células
con más calidad y bien visibles. Si no, no sirve si se corta a la mitad, y
tiene que tener márgenes para ver las células más densas. Desde el inicio de la
cola hacia el cuerpo, y del cuerpo hacia el principio, yo consigo analizar las
células; más allá de eso, tenemos que olvidarlo.
También
tienen que ser menos gruesos, por lo que tenemos que usar poca sangre para que
quede bien fino, tal como lo hacen los equipos automatizados. Cuanto más fina
sea la laminilla, mejor podemos analizar, y con la coloración, usando dos tipos
de colorantes o uno mezclado con el otro, vamos a tener una buena tinción.
Vamos a lograr revelar más de 20 tonos de colores en un análisis hematológico y
más de 20 estructuras, como bastones de Auer o corpúsculos de Howell-Jolly;
vamos a empezar a revelar qué hay de enfermedad. Por lo tanto, esta fase del
colorante y principalmente de la confección de la laminilla tiene que ser
perfecta. No se pueden hacer laminillas malas; este es un proceso importante
cuando se recibe una muestra, e incluso funciona como criterio de rechazo: si
la laminilla no está buena, no se puede procesar.
Yo tuve la
oportunidad, y una muy buena oportunidad, de trabajar con una hematóloga que
las rechazaba de verdad; era una hematóloga de la vieja escuela y cuando la
laminilla estaba mala, pedía que se hiciera otra. Nunca analizó una laminilla
mala. Así que este es un punto que a veces es molesto, el técnico o la persona
puede pensar: "no, voy a tener que hacerlo de nuevo", pero hay que
tener esto como rutina. Una laminilla buena es un examen bueno; una laminilla
mala es un examen que no se puede realizar.
Dra.
Andrea Burke:
Profesora, y pensando a partir de una laminilla ideal, es importante también
que exista el criterio de estandarización entre los analizadores, ¿no?
Entonces, ¿por qué es importante para el laboratorio tener este criterio de
evaluación interanalistas?
Dra.
Nicoll Carvajal:
Sí, esto es importante y complementando un poco dentro de la cuestión del
analista, logramos hacer dos cosas. Los analistas en un servicio de hematología
deben hacer primero un control en los 20 tonos de colores de las estructuras,
un control de la coloración. Esto es algo importante, y los analistas van a
lograr revelarlo. La evaluación interanalista tiene que ser doble ciego, tiene
que ser a ciegas. El analista que detecta y da la base de una laminilla
alterada, por ejemplo con plasmocitos o con linfocitos reactivos, la va a pasar
a varios analistas; ninguno puede saber el resultado previo y todos tienen que
tener un índice de acierto alto (del 60%, 70%, 80%, 90% o hasta el 100%).
Esto no es tan fácil porque no saben lo que están viendo; a veces debe hacerse,
por ejemplo, solo con la laminilla o con la laminilla acompañada del reporte,
pero deben acertar y entrenar esto. Así que esto es esencial para poder
reproducir los resultados entre varios analistas, o incluso entre los 3 o 4 que
hacen guardias o trabajan juntos, y que logren hablar e identificar la misma
cosa.
Siempre
decimos: el hemograma bien hecho es aquel en el que acertamos. Así que esta
evaluación es esencial. Uno encuentra en algunos lugares personas que hacen la
evaluación y les pones ahí un plasmocito y lo confunden con un linfocito
reactivo, con todo, menos con lo que es. O viceversa, pones la célula y la
persona la cuenta como un linfocito común. Incluso en los días actuales, esta
evaluación y este entrenamiento te permiten controlar y capacitar a tus
analistas para que todos hablen el mismo idioma e identifiquen las mismas
células. Es esencial que se tenga esto y bien hecho, y que el jefe del sector
tenga esa capacidad de analizar y decir: "mira, vamos a revisar porque te
equivocaste aquí", ¿no?, para que analicemos y no nos equivoquemos más.
Esto es muy importante; bajo este enfoque asertivo que manejas muy bien,
logramos hacer que todos los analistas, incluso si consultan la laminilla
después o ven un atlas, consigan corregir bajo una medida correctiva y decir:
"no, este colega va a tener que ver más laminillas, o va a tener que
revisar más atlas, o va a tener que entrenar más". Si alguien dice:
"ah, no tengo tiempo", pues si no tiene tiempo, ¡no puede trabajar!
Tienes tiempo para tantas cosas, así que es importante que este análisis culmine
en un buen resultado, y así será.
Dra.
Andrea Burke:
Correcto. Y pensando en nuevos parámetros, ¿cuáles podemos tomar en
consideración hoy en día por su relevancia clínica y cuáles podemos trabajar y
adicionar dentro de nuestra rutina pensando en estos nuevos parámetros?
Dra.
Nicoll Carvajal:
Excelente pregunta. Cuando pensamos en nuevos parámetros, ya existen algunos
que no son tan nuevos pero que se empiezan a agregar incluso en el hemograma, y
yo recomiendo que, de ser posible, se agreguen en el reporte impreso que se le
entrega al médico. El primero de ellos es el índice de granulocitos inmaduros
(IG% o IG#). Este índice, por encima del 3%, puede predecir sepsis o
leucemia mieloide crónica. Mira qué importante es este índice. Y los equipos
electrónicos los cuentan o dan las alarmas; este índice es importantísimo. Ya
hay varios trabajos en los que lo usamos como rutina, mostrando que este
índice, cuando está por debajo de 2 en sospecha de infecciones bacterianas,
excluye en un 90.2% el cuadro de sepsis. Así que encontramos, junto con
la clínica, un marcador no invasivo de sepsis. Este es un parámetro que ya
podemos usar, aprovecharlo y empezar a colocarlo en la rutina diaria.
Pensando en
nuevos parámetros, también hablamos de plaquetas y de reticulocitos. Ya
empezamos a hablar en los reticulocitos de exámenes como la fracción de
reticulocitos inmaduros (IRF), que es importantísima para medir la respuesta
del paciente; hoy en día es un objetivo incluso mayor que el propio conteo
absoluto. Porque al ser una fracción de inmaduros, logra decir si el paciente
con anemia ferropénica está respondiendo al tratamiento, o si en esa misma
anemia la médula ósea no está produciendo. El médico logra evaluar esto a
medida que se familiariza cada vez más, o ver si es una deficiencia de vitamina
B12 o una aplasia medular, que son condiciones que llevan a la baja de la
fracción de reticulocitos inmaduros, o incluso si estamos teniendo mucha destrucción
periférica para investigar.
Termina
siendo este índice, sumado a otro que ya es común pero que ahora con la
fluorescencia se vuelve más habitual, que es la fracción de plaquetas inmaduras
(IPF); esta logra decir si el paciente tiene una destrucción periférica, una
enfermedad extremadamente común y grave. Muchos de los casos en niños son
curables, pero en adultos no lo son y el paciente va a tener que convivir con
eso; también nos permite decir si el paciente no está teniendo destrucción
periférica y el problema es central, en la médula. Entonces ya empiezas, a
través de un hemograma, a tener un parámetro más para decidir aspirar una
médula y descubrir al final qué es lo que tiene el paciente, que ese es nuestro
objetivo, ¿no? Analizar los exámenes de los pacientes.
Tenemos
además el RDW de los monocitos, el MDW (ancho de distribución de los
monocitos), que es un buen índice ya estudiado que va a surgir como un
parámetro indicador de sepsis porque logra medir la subpoblación de monocitos;
y también evalúa los monocitos cuando están alterados, si el monocito es más
grande o más joven. Este también fue un índice lanzado en 2019 por Beckman
Coulter, un nuevo aditivo para el hemograma. Van a venir nuevos y nuevos
parámetros, como la concentración de hemoglobina en fracciones, o un
plaquetograma muy bien formado con el PDW (ancho de distribución plaquetaria) y
el volumen plaquetario medio (VPM). Y lógico que con la digitalización vamos a
tener más recursos, pero ninguno de estos recursos, vuelvo a decir, excluye al
ojo humano. Nada de eso va a excluir el análisis humano. No es que vengamos a
buscar reemplazarlo, porque tengo que valorar al profesional; incluso
digitalizando el hemograma y usando inteligencia artificial, vas a necesitar el
ojo humano para dar el martillazo final y decidir qué hay o qué no hay en el
hemograma. Vamos a continuar haciendo hemogramas incluso sin el microscopio
tradicional. Es algo interesante, ¿no? Pensar hoy en día cómo hacer un
hemograma sin microscopio; lo vamos a hacer, pero en una pantalla LCD, una
pantalla de computadora. Eso creo que es lo que tenemos de más moderno o como
tendencia.
Dra.
Andrea Burke:
Cuando hablamos en el hemograma de la presencia de células inmaduras e
identificamos una característica de leucemia, sabemos que ese es el punto
inicial para que a partir de ahí se realicen nuevas investigaciones y exámenes
complementarios para tener esa clasificación. ¿Cuáles son esos exámenes
complementarios a partir de esa identificación en el hemograma?
Dra.
Nicoll Carvajal:
Sí, cuando hablamos de células inmaduras y se refieren más a células blásticas
o de linajes primarios, terminamos contando hoy por recomendación internacional
todo como blasto. De acuerdo, ante la salida de un blasto tenemos que
identificar cuál es el origen de ese blasto. Hoy no basta con decir que el
blasto es blasto; el 20% ya es un criterio para leucemia aguda, tanto
por el propio hemograma como por el mielograma. Solo por el propio hemograma
consigo definir una leucemia aguda, pero necesitas saber cuál es. Primero,
necesito un examen inmunológico, que hace por citometría de flujo la búsqueda
de marcadores que son los CD (anticuerpos monoclonales), y de ahí identifico si
la leucemia aguda que vi con blastos es una leucemia mieloide, si es linfoide,
si es monocítica, o incluso si se infiltró en el líquido cefalorraquídeo o en
cualquier material; necesito ese primer examen. Esa es la tecnología que nos va
a caracterizar siempre, incluso en casos de una leucemia que regresa, lo que llamamos
una recaída o recidiva, para saber si recayó como mieloide o linfoide. Incluso
en la leucemia mieloide crónica cuando se transforma (siempre pensamos que pasa
a LMA, pero a veces se transforma en una LLA), quien va a decir eso es el
inmunofenotipaje. Ese es el primer examen, una prueba que tiene que hacerse y
que los laboratorios de gran porte y de apoyo van a realizar con mucha
frecuencia y con mucha calidad.
Además de
eso, si el hemograma es un examen bien hecho, tenemos que pensar que el
paciente continúa su ruta. Hoy existe la posibilidad de hacer exámenes
genéticos con la capacidad de predecir si el paciente va a responder bien o no,
si tiene un buen pronóstico; entonces entramos hoy ya en la biología y en la
genética molecular, no solo con el cariotipo convencional, sino pensando en una
biología molecular como rutina para todos estos pacientes. Si tienen, por
ejemplo, una mutación FLT3, es un pronóstico intermedio-malo y va para
transplante. Pero si hace una mutación NPM1, este paciente tiene una
oportunidad muy grande de una supervivencia larga, buena respuesta a la
quimioterapia y de cura. Así ves qué importante es segmentar y hacer llegar al
final lo que termina siendo el diagnóstico confirmatorio por exámenes más
complejos, que hoy se realizan en todos los grandes laboratorios de apoyo o
laboratorios grandes.
Dra.
Andrea Burke:
Perfecto. Bueno, profesora, entonces le voy a agradecer su participación. Hoy
hablamos sobre los aspectos clínicos del hemograma del pasado al futuro, muchas
gracias.
Dra.
Nicoll Carvajal: Yo
soy la que agradezco, tanto a ti como gerente de área que eres muy experta en
hemogramas y realizas muchos exámenes diariamente al mes, lo cual es una
bendición que tiene la hematología: contar con buenos analistas y morfólogos; y
también a UniDB que nos permite estar aquí hoy en este pódcast maravilloso, y
al grupo DB que realmente es un grupo innovador que solo crece. Nosotros que
estamos aquí observándolo de cerca lo sabemos, y los clientes y colegas
recuerden que la calidad está asociada a DB. Para usted que nos acompaña,
acceda a este y otros contenidos aquí en la UniDB.